Hundido en una crisis de juego crónica, el Atlético ya no gana ni contra 10. Una hora en superioridad contra el Espanyol no dio más que para verificar a un equipo vacío de fútbol, al que João Félix rescató de un desastre mayor con un tanto con el que vuelve a reivindicar que es algo más que el cuarto o el quinto delantero. No escapa el equipo de Simeone al nubarrón futbolístico que le envuelve, incapaz de imponerse en ventaja numérica, también frágil al encajar un gol que le condenaba aún más y agravaba su estado de equipo instalado en la planicie futbolística.

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