Humillada y abochornada durante más de una hora por una agrandada y jornalera Eslovaquia, la orgullosa Inglaterra estuvo a segundos de marcharse de esta Eurocopa con la peor de las sentencias que se le podía dedicar de haberse consumado el batacazo. Los inventores del fútbol no habían sabido jugarlo durante tres partidos y una hora larga de ayer. Evitaron ese crudo estigma con el orgullo que les confirió su pedigrí. Cargaron el área eslovaca en una última media hora que engendró los redentores goles de Jude Bellingham, en el último minuto del tiempo de prolongación, y de Harry Kane, en el primero de la prórroga. Los dos únicos disparos que fueron entre los palos fueron gol.

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