El pasado domingo, 17.000 personas visitaron la estación de Baqueira Beret, y 5.000 de ellas presenciaron, en un ambiente de enorme fiesta, el espectáculo de los corredores. Asistían a la apertura del Freeride World Tour (FWT) en la estación del Valle de Arán; es decir un circuito que se celebra en cinco escenarios repartidos por medio planeta y donde se citan solo los mejores esquiadores y snowboarders, mujeres y hombres. Es el mundial del freeride y será la despedida de Aymar, quien aún joven y en plena forma a sus 33 años, competitivo, ha encontrado una nueva manera de expresarse sobre unas tablas. Ha descubierto que el alpinismo puede llevarle a dibujar descensos en las montañas más elevadas y salvajes del planeta, en el Himalaya, por ejemplo. Tanto como esquiar, Aymar ha aprendido a soñar con montañas pero sus anhelos circulan a la inversa de la de los alpinistas: estos últimos imaginan líneas de ascenso cada vez más severas, mientras el esquiador sueña de arriba hacia abajo dibujando a su vez en su cabeza líneas que tengan la continuidad suficiente para ser esquiadas. Aunque sea a saltos.

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