Se sabía que Mohamed Attaoui llegaba bien a Tokio pero el recital que ha ofrecido hoy en una mojada pista del Estadio Nacional de la capital nipona está por encima de las previsiones más optimistas. Porque lo que ha hecho el cántabro en su semifinal de 800 ha sido sencillamente descomunal. Casi insultante. Y es que Attaoui ha manejado a su antojo una carrera en la que corría, entre otros ‘gallos’, el campeón olímpico Emmanuel Wanyonyi.

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