No es que el partido se hubiera hecho bola para el Atlético, porque en realidad fue bola desde el arranque, el caso es que superada ampliamente la hora de juego no se había metido cuchara en el entramado de un Málaga dispuesto a convertir en fiesta su retorno a la máxima categoría. Fue ahí cuando la agarró Kang-in, de refresco en ese segundo acto, para centrar su posición en lo que se deshacía de rivales amagando y sacar al final una comba sensacional que rompió por fin el equilibrio. El Metropolitano ha encontrado en el coreano al nuevo héroe, más allá de que Baena aprovechara después sus primeros minutos del verano para colocar una falta deliciosa en la escuadra.

