“Arsenio, ¿qué?”. La pregunta total se inventó en A Coruña y la respondía como nadie Arsenio, que a partir de ahí desgranaba su ideario. O no. “¿Qué de qué?, Benito, ¿qué de qué?”, le replicó en una de esas a Benito Cores, el reportero de la Televisión de Galicia que seguía al equipo cuando trataba de dar el salto a Primera División. La retranca difiere de la ironía en que una genera simpatía y la otra tensiones. A Arsenio le gustaba enrocarse en la primera. Claro que a veces era más directo, como cuando desmentía la leyenda que germinó durante años y que apuntaba a que en su primer partido con el Deportivo le marcó un gol a Ramallets y a continuación le pidió perdón. La diana la hizo, aunque algunas crónicas de la época se la atribuyen a otro compañero, pero lo de la disculpa ya se preocupaba él de que no colase. “Soy aldeano, sí, pero no tonto”, explicaba. Ya en 1951, el año de su estreno con el Deportivo, decían que su mejor cualidad era el dribling.

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