El huracán Haaland se disipó en el cuadrilátero de Anfield. Después de 15 goles y tres asistencias en nueve partidos, el noruego se quedó sin participar en ninguna jugada de gol por primera vez en el campeonato inglés. Tuvo tres remates, no más, víctima del cuello de botella en la cadena de suministros de su equipo. El Manchester City no logró avanzar sin tropezar en el último tercio de campo, defendido por Alisson, Joe Gómez, Van Dijk y Fabinho como si se jugasen los contratos en cada acción. Más o menos esa fue la disyuntiva. Hundido en mitad de tabla, el Liverpool se rezagaba a diez puntos de la zona Champions, fuente indispensable de financiación de los clubes ingleses con ambición de títulos. La crisis deportiva amenazaba con provocar un contagio en todos los órdenes de una sociedad que no supo regenerarse tras la venta de Mané al Bayern, este verano.

