Los sabios no se ponen de acuerdo para decidir si el atleta que elige pruebas con vallas lo hace para imitar a la vida o si es la vida la que les imita y se transforma para ellos en una traidora carrera de obstáculos. ¿No querías vallas? Pues tropieza. Tampoco parece que Sara Gallego, una vida de vallista plena, en ambos sentidos, quiera conocer la respuesta. Para ella, reina de la paciencia a la fuerza que cuando se apresura tropieza, el peor pecado de una vallista, la vida, dice, es un pasito tras otro, y superarlo todo.

