En la medianoche del viernes, en los intestinos del José Zorrilla, Hazard consultaba el móvil apoyado en una pared, Asensio preguntaba a los miembros de la expedición cuándo se iban de allí, a Vinicius todos les pedían fotos y, mientras los directivos abandonaban el estadio, Carlo Ancelotti charlaba con Ronaldo Nazario, el propietario del Valladolid. Hacía unos minutos, el técnico italiano, pese a la apurada victoria (0-2), había vuelto a lamentar las grietas del sistema defensivo del Madrid. “El equipo no ha estado compacto”, avisó en su breve comparecencia.

