Cuando apenas entendió que el impacto era inevitable, no pensó en los Juegos de Invierno que se perdería, sino en algo mucho más definitivo, el fin de todo. Entonces, tensó su cuerpo fibroso al máximo, cerró los ojos y esperó: su bici chocó contra el parachoques del todoterreno y ella salió despedida, rebotando contra el parabrisas para aterrizar sobre el asfalto. Ana Alonso intentó levantarse de inmediato: no sentía dolor, no había sangre. Pero no pudo. Su pierna izquierda no respondía. Se tumbó y, entonces sí, la rabia lo inundó todo: el sueño de una vida se esfumaba. La esquiadora de montaña logró el pasado invierno el billete para los Juegos de Milán-Cortina 2026, donde su disciplina se estrenará en una cita olímpica y en la que ella debería partir como una de las favoritas para obtener medalla en la prueba individual y en el relevo mixto por parejas, junto a Oriol Cardona.

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