Cómo de mal debe de estar Aston Martin para que el circuito de Mónaco, al que muchos equipos se encomiendan para tratar de minimizar las limitaciones de sus monoplazas, todavía haya puesto más en relieve la falta de pegada del AMR26, un coche que estaba llamado a romper la pana en el marco del nuevo reglamento, y que al ritmo que va terminará destrozando la marca favorita de James Bond. Los deportivos del agente secreto más famoso del mundo incorporaban un arsenal solo al alcance de las superproducciones de Hollywood; los bólidos que este fin de semana conducen Fernando Alonso y Lance Stroll por los toboganes de Montecarlo, a duras penas les permite librar los muros que abrazan el trazado que serpentea por el Principado.

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