Poseedor de un físico privilegiado, Carlos Alcaraz aceptaba con resignación y discurso maduro el último accidente. El viernes, después de caer contra Novak Djokovic en las semifinales de Roland Garros, el número uno admitía que le falta experiencia todavía ante las pruebas de máximo nivel, caso del serbio, y que lo sucedido le servirá de lección. Apuntó a la “tensión” y los “nervios” como desencadenantes del colapso que sufrió nada más empezar el tercer parcial, cuando había conseguido equilibrar el pulso y su pegada amenazaba con cambiar la dinámica de un partido en el que el resabiado Nole le llevó al límite antes y durante la refriega.

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