Aitana Bonmatí entró al escenario del Teatro del Liceu con su normalidad habitual. En mitad de su camino, sus tres Balones de Oro esperándola, con las butacas a sus espaldas y la multitud de fotógrafos frente a ella. En sus pies, unas botas doradas recién llegadas de Adidas con “2025”en el interior. Entre el brillo y toda la excepcionalidad, Aitana no se desvía. “Mi esencia sigue siendo la misma. Soy más madura y con más experiencia. Tengo tres Balones de Oro, pero nada más ha cambiado en mi vida”, aseguró rodeada de periodistas en el hall del Liceu y delante de sus trofeos colocados en la escalera. Quien le mantiene “los pies en la tierra” es su gente, sus amigos de toda la vida —dos de ellos le acompañaban atentamente— y su pueblo, Sant Pere de Ribes. “Mi zona de confort y donde me siento más cómoda es en la plaza del pueblo con mis amigos. Cuando me toca ponerme un vestido y vivir una gala así, lo hago. Pero al día siguiente la normalidad vuelve, vuelves a ser tú misma. Quedé con mis amigos y comentamos la jugada”, aseguró sonriente.


