La tanda de penaltis castigó el egoísmo del Arsenal, que cazó pronto su gol en una jugada de fortuna, nacida de un rebote, fenomenalmente coronada por Havertz con su carrera y su fenomenal disparo, para luego dejar el campo y el balón al PSG.


La tanda de penaltis castigó el egoísmo del Arsenal, que cazó pronto su gol en una jugada de fortuna, nacida de un rebote, fenomenalmente coronada por Havertz con su carrera y su fenomenal disparo, para luego dejar el campo y el balón al PSG.