En un hueco antes de atender a los medios,<strong> Carlos Sainz Vázquez de Castro hizo dos llamadas.</strong> A sus <strong>padres, Carlos y Reyes,</strong> con la piel aún de gallina por las emociones vividas en una carrera que su hijo llegó a perder hasta tres veces. Feliz y aliviado por lograr aquello que se le había deslizado tantas veces entre los dedos, les dijo que les quería y, nada más colgar, un teléfono sonó en una casa de Pozuelo. Al otro lado,<strong> un sorprendido Juanjo Lacalle. «Nunca me suele llamar, pero esta vez sí…», </strong>reconoce emocionado.

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