Por una vez, Jon Rahm evidenció que también es humano, que lo que hace fin de semana sí y al otro también, que eso de ganar o de casi lograrlo, no es lo normal sino extraordinario, un ejercicio superlativo de competitividad y habilidad, genio con chistera de los palos. Pero no ha ocurrido lo mismo en el Oak Hill de Rochester (Nueva York). Encasquillado en su juego en el PGA Championship, con una expresiva primera ronda (+6) y una corrección a tiempo en la segunda (-2) para pasar el corte, el de Barrika perdió la paciencia, el swing y la oportunidad de luchar por el laurel de su tercer major —ganó el US Open 2021 y el Masters pasado—, el segundo de carrerilla y del curso. Bajo una cortina de lluvia impertérrita, entre maldiciones y hasta algún que otro mal gesto —se le contaron dos por lo que tendrá que pagar 10.000 dólares de multa por mal comportamiento y ejemplo—, por más que al final se corrigiera y entrara en combustión, Rahm selló un +2 (+6 en total) y su capitulación.

