Dudar del talento de Lamine es absurdo. Dudar de su capacidad de desborde, también. Dudar de que juega como en el patio del cole ante profesionales y a una velocidad extraordinaria, lo mismo. Se va una y otra vez cuando está en forma, a veces marcado por dos y hasta tres rivales. Y así podría acabar estas líneas, elogio tras elogio, y sería merecido. Un chaval que se ha convertido en profesional en un parpadeo, y así se lo reconoce el mundo entero. Algo difícil deportivamente, complicado de asumir también en lo personal y, mucho más aún, de mantener en el tiempo. Hace falta madurez y estar muy bien arropado en todos los ámbitos de la vida; además de jugar en un gran equipo —que ya lo hace— y en una gran selección, que también.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *