
Sierre-Zinal puede esgrimir no solo su título oficioso de Catedral del trail, por sus 53 años de trayectoria y el entorno privilegiado en el que se desarrolla –en las faldas de cinco cuatromiles de los Alpes suizos, incluido el Cervino–, sino también el de termómetro de su deporte. Los 31 kilómetros y 2.200 metros de desnivel positivo que unen a las dos localidades del Valais son un Mundial anual de la media distancia que trasciende una carrera por montaña e integra, gracias a la escasa tecnicidad de sus senderos, a corredores de asfalto, triatletas, orientadores o esquiadores. Entre los deportes afines y la profesionalización de los atletas de montaña, la edición de este sábado no solo consolidó el dominio keniano del último lustro, sino que brindó una densidad inaudita entre la élite. La mejor prueba es que Alain Santamaría, el mejor español, fue undécimo, cuando los otros dos únicos corredores nacionales que han mejorado su tiempo en más de medio siglo –Kilian Jornet y Andreu Blanes– ganaron la carrera. Un deporte en clara expansión que coronó por tercera vez a Philemon Kiriago y brindó a la rumana Madalina Florea la victoria más prestigiosa de su creciente palmarés, un año después de ganar la general de las Golden Trail World Series.

