El Madrid de Budapest tuvo, de nuevo, dos caras. Dos velocidades bien distintas: la de cuando Arda Güler tenía el balón y la de cuando no. Con el turco al mando, el equipo carburaba, respiraba y encontraba caminos. Por ello la cuestión ya no es quién debe fichar el club para ser el organizador, sino cómo hacerle hueco al chico, porque los sitios están contados y cada uno tiene su pretendiente claro a titular. La mediapunta será para Bellingham salvo catástrofe, y el doble pivote, cosa de dos entre Tchouaméni, Bernardo Silva y Valverde. Pero renunciar al fútbol que atesora Guler sería como tener un Ferrari olvidado en el garaje cogiendo polvo.

