A empujones, a la tremenda y con el desfibrilador a cuestas. Así avanza Argentina en el Mundial, puro nervio, con el corazón en la garganta, sobreviviendo a sus muchas penurias y al único rastro terrenal de Leo Messi en el torneo: los penaltis. La campeona andaba como un zombi en Atlanta, 0-2 abajo en el minuto 79, sin fútbol ni nada parecido. Un portero milagrero, Oufa Shobeir, le había amargado en la primera parte —le detuvo una pena máxima al diez—, y los egipcios le lanzaban dentelladas a la contra.

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