En un momento clave, en los meses finales de la carrera para organizar el Mundial de 2035, el rugby español utilizó quizás la carta más fiable de su mazo: Valladolid. 10 años después de llenar el José Zorrilla para una final de Copa que marcó un punto de inflexión, la Federación Española de Rugby ha llevado allí a lo largo del fin de semana uno de los eventos finales de las Series Mundiales de rugby a siete, la modalidad olímpica en la que España, subcampeona del mundo en hombres, esgrime méritos para sentarse en la mesa de los grandes. Los Leones no pudieron hacer valer su condición de anfitrión para tumbar a Sudáfrica, su verdugo en 2025 en Los Ángeles, pero llegarán a la última cita, la próxima semana en Burdeos, con opciones de pelear el título. Las Leonas, por su parte, han allanado su asalto a la máxima categoría. Y España, que ya organizó hace dos años la ronda final en el Metropolitano, se marcha satisfecha con más de 32.000 entradas vendidas en tres días y más de 20.000 litros de cerveza.

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