El partido que el Celta y el Sevilla han disputado esta noche en Balaídos tenía un significado especial para César Azpilicueta. El central cuelga las botas después de completar el choque en Vigo con la camiseta negra del club nervionense, y luciendo el brazalete de capitán. Es el adiós a un profesional con mayúsculas. El navarro saltó junto a sus tres hijos al césped de Balaídos, el estadio que ha puesto el broche a su sobresaliente carrera.

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