Erling Haaland ha abierto el gran baile de fichajes que vivirá el fútbol europeo de la mano de los llamados “agentes libres”, los jugadores que acaban su contrato y que pueden cambiar de club gratis. Estrictamente hablando, Haaland no es un agente libre y, de hecho, el Manchester City ha pagado al Borussia Dortmund la cláusula de libertad que tenía el noruego, que se estima en 60 millones de euros. Un precio de fábula si se piensa que el Barcelona pagó 55 millones (más 10 posibles en variables) al City por Ferran Torres en enero. Pero es importante subrayar que si Haaland tenía una cláusula de libertad es porque esa era la única forma que tuvo el Dortmund de cerrar su fichaje en enero de 2020. Para el jugador era la garantía de que, si quería, podría marcharse con facilidad a partir del verano de 2022, como así ha sido. Para el club, la seguridad de que, al menos, iba a cobrar ese dinero si el jugador decidía marcharse antes de tiempo. Haaland le debe todo eso a Jean-Marc Bosman, el modesto jugador belga que en septiembre de 1995 cambió el fútbol para siempre. Sin Bosman no existirían las cláusulas de libertad.

