Cuando Kathrine Switzer estaba preparando la maleta para viajar a Boston y correr la maratón, decidió contarles a sus compañeras de habitación cuáles eran el destino y el motivo de su viaje. Lo hizo porque no sabía lo que podía pasar. En su cabeza estaban los temores cotidianos: un accidente de coche o cualquier eventualidad que pudiera generar un problema. Era 1967. Lo que sucedió, sin embargo, hizo que miles de personas supieran dónde estaba Switzer el 19 de abril de ese año. Aún hoy lo saben. Porque fue la primera mujer en correr una maratón con dorsal. Porque la intransigencia y la sinrazón jugaron a favor del progreso y dejaron una imagen para la historia: la de un energúmeno que formaba parte de la organización tratando de sacarla de la carrera a la fuerza. A aquel hombre solo le molestaba una persona de las 733 que tomaron la salida. Y era ella. “¡Lárgate de mi carrera y dame el puto dorsal!”, gritaba mientras la agarraba.

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