Corría el año 1899 cuando la erosión costera en Bagicz, una localidad de Polonia, hizo que un ataúd cayese de un acantilado, sorprendiendo a los habitantes de la zona. En él se encontraron los restos de una joven perteneciente a la cultura Wielbark, del siglo II, rodeada de un ajuar de bronce, ámbar y piel de vaca.

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