No eran ni las nueve de la mañana y el sol abrasaba la ciudad deportiva del Inter Miami, pero Mariana tiritaba en la acera. Tras meses de estudio, había conseguido que Leo Messi detuviera su coche a la entrada y le firmara una camiseta de Argentina. “Estoy temblando”, decía. Habían sido muchas visitas al lugar aprovechando sus viajes desde Tucumán a Miami, donde atiende como diseñadora gráfica a varios clientes. Sabe que Messi llega todos los días entre las 8.35 y las 8.40, pero eso no es suficiente. A veces no para. A veces se detiene con un grupo de aficionados un poco más allá, otras algo más acá. “Iba a ponerme ya de rodillas en medio de la calle…”, dice. Pero no hizo falta. Porque precisamente este viernes, la víspera del partido inaugural del Mundial de Clubes de los 1.000 millones de dólares en premios, nadie aguardaba a Messi, uno de sus principales reclamos, anfitrión del partido inaugural contra el Al-Ahly hoy (2.00 del domingo en España, Dazn y Telecinco). Solo Mariana.

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