Qué diabólico ha de ser un campo de golf para sacar de sus casillas a Scottie Scheffler, el número uno del mundo, un jugador robótico que apenas deja ver sus emociones, y mucho menos su frustración cuando (raramente) falla un golpe. Pero esto es el US Open, el grande más duro de la temporada, y esto es Oakmont, el trazado con más espinas en la rotación del Abierto estadounidense. Tan alto y frondoso es su rough, tan firmes son sus greens, que Scheffler estampa con rabia uno de sus hierros en la hierba, o golpea el driver contra la plataforma de salida. ¿Qué sucede? El hombre que habitualmente luce un asombroso control de las distancias para acercarse a bandera no se lo puede creer. Oakmont penaliza cualquier mínimo desvío, y si el mejor golfista del planeta pierde los nervios, qué no les pasará por la cabeza a los mortales.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *