El miedo atenazó a Sevilla y Alavés en un partido de muy escasa calidad técnica, donde debutó Joaquín Caparrós en su cuarta etapa en el banquillo sevillista y en donde la ansiedad dominó el cerebro y las piernas de los futbolistas. El Sevilla no está para nada, por mucho que Caparrós se empeñe en resucitar un equipo muy tocado. El ambiente que se vive en Nervión tampoco ayuda demasiado. No obstante, el Sevilla fue el conjunto que mereció ganar al contar con dos grandes ocasiones en el tramo final del choque, protagonizadas por Lukébakio y Suso. El punto, deportivamente, no es malo para los andaluces. Es más, les libra de un auténtico lío. Tampoco demasiado bueno para el Alavés, muy exigido después del triunfo de Las Palmas ante el Atlético. La pelea por no bajar se antoja cruenta y el equipo vasco está en plaza de descenso. El Sevilla, prácticamente salvado con 37 puntos, es un horror.

