El aroma a cebada y a tierra mojada flotaba en el aire cuando el pelotón, aún compacto y expectante, empezó a serpentear las carreteras de Limburgo en plena Amstel Gold Race. Desde Maastricht hasta Berg en Terblijt, el recorrido olía a historia y a cerveza. El duelo entre Pogacar y Remco prometía grandes emociones. Pero hubo un invitado sorpresa: Skjelmose.

