El viento sopla fuerte del Báltico, silba bajo el asfalto por las rendijas del tablero aerodinámico del puente colgante y silba entre las ruedas, los radios planos, las formas finas de las bicicletas aerodinámicas, los mismos perfiles que los de las placas de hormigón, tan esbelto, y choca fresco contra la cara de los ciclistas, que lo agradecen. Es lo que esperaban. Lo que les decían por la mañana los jefes en el autobús para calmarlos, como se reparten las benzodiacepinas, tranquilos viento de cara en el puente, no habrá abanicos.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *