Les confieso que he seguido este fin de temporada, esta traca final del fútbol de selecciones, con cierta distancia, tal vez con una sensación parecida a la de Bernardo Silva cuando, tras el partido contra España, confesaba con amable discrepancia que estos cuatro partidos finales le resultaban excesivos en una temporada ya de por sí cargada, y más viniendo de todo el trauma de la covid, que parece que ya es un pasado lejano sustituido por el precio del gas, la canícula, la guerra en Ucrania o lo que pase en Andalucía este fin de semana. Pero nos olvidamos del esfuerzo que han hecho todos los deportistas entrenando en condiciones complejas, viajando en burbujas que, de vez en cuando, perdían aire, en un entorno de incertidumbre que se añadía a la siempre desconcertante y habitual del propio ámbito del deporte.

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