Hubo un tiempo no tan lejano en el que Arda Güler miraba al césped del Santiago Bernabéu desde el banquillo con los ojos llenos de ganas, pero también de frustración. Las lesiones, la falta de minutos y un sistema que no parecía entender su talento convirtieron sus primeras temporada en un suspiro silenciado. Hasta que llegó alguien que sí lo entendía. Xabi Alonso lo había seguido cuando dirigía al Leverkusen y quiso llevárselo. No pudo entonces, pero la vida les ofreció una segunda oportunidad para unirles en el camino.

