Era la noche de los Oscar, estaba escrito. En principio parecía que Fede Valverde iba a arrasar. Vaya semanita la suya. Para enmarcar, de esas que entran pocas en la docena. El partido estaba un poco atascado. El Madrid dominaba y no pasaba apuros, pero tampoco creaba peligro. Una película, en fin, muchas veces vista en el Bernabéu. Hasta que surgió Fede Valverde. De un cañonazo suyo surgió el primer gol, obra de Rüdiger, en posición de delantero centro. Y poco después llegó el 2-0 de Fede. Un golazo. Se la pasó Fran García, porque Vinicius andaba ausente casi todo el rato. Se cambió el balón de pie y desde el borde del área lo puso pegado al travesaño, llevándose con él hasta las telarañas. Era el 2-0, es decir, más o menos el que mandaba a boxes al Elche y permitía a Arbeloa meter en el campo a medio Castilla.

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