Tocaba Novak Djokovic el violín como acostumbra tras cada victoria, y más énfasis le pone si desde la grada llegan algunos silbidos. Él y Melbourne, un juego amoroso basado en la retroalimentación: yo te pincho y tú me das, y viceversa. En todo caso, el serbio, de 38 años, se marchó más que feliz del complejo de Melbourne Park porque añadió una nueva cifra a su listado de récords —400 triunfos en los Grand Slams, único tenista (hombre o mujer) en conseguirlo— y desembarca en los octavos sin haber cedido ningún set ni haber sufrido sobresalto alguno. El 6-3, 6-4 y 7-6(4) a Botic van de Zandschulp le guía hacia el duro cruce con el checo Jakub Mensik.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *