Xabi Alonso afrontó el partido desde la inferioridad y recuperó el espíritu del mourinhismo para hacer frente al Barça. Como hiciera Mou en la víspera de la final de Copa de 2011 al colocar a Pepe como mediocentro, el técnico donostiarra apostó por un plan inesperado y rompedor: defensa de cinco, Tchouaméni reconvertido en central, Gonzalo sobre Pedri y Vinicius actuando como nueve. Una maniobra más pensada para sorprender que para imponer, buscando incomodar al rival desde la pizarra y romper los planes del equipo de Flick.

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