Xabi Alonso está sufriendo. Mucho. Se le nota en el banquillo, en los gestos contenidos, en la mirada fija al césped buscando respuestas que no siempre llegan. Lo pasó fatal en Mendizorroza. Empató el Alavés y cada minuto pesaba como una sentencia, viviendo con la sensación de que el cargo se le escapaba de las manos. Sabía que sin victoria ante el Alavés, el puesto quedaba en el aire, por no decir que estaba fuera.

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