El 27 de agosto de 2014, la calma del Real Madrid saltó por los aires. Xabi Alonso pidió a Florentino Pérez que le dejara salir del club para marcharse al Bayern. Era un intocable, tanto para Mourinho como para Ancelotti. El Madrid aún sonreía tras conquistar la Décima en Lisboa. La suplencia de Xabi en el estreno ante el Córdoba, dos días antes, se interpretó como consecuencia de la llegada de Kroos. Pero había más. Xabi se marchaba como un campeón, aunque con la sensación de que algo se rompía.

