El Auckland City llegó al Mundial de Clubes como el único equipo no profesional del torneo; sus jugadores compaginan el fútbol con otros trabajos para poder pagar el alquiler. Y aun así, se marcharon con la frente en alto, dejando una huella imborrable y ganándose la admiración del mundo entero con una entrega y valentía que desafiaron toda lógica. No estuvieron ni cerca de ganar el título, pero conquistaron corazones. Ellos lo sentían, lo sabían: el aliento venía desde todos los rincones del planeta. Agustín, jefe de prensa durante la competición, lo resume con una verdad sencilla y poderosa: «Juegan por amor al deporte».

