Pablo Aimar rompió a llorar como un niño cuando Messi soltó un latigazo en el minuto 72 desde la frontal del área y deshizo el embrujo que le hubiera costado la eliminación contra México. Aimar es el segundo entrenador de Argentina. Se sentaba ahí como profesional. Y se supone que debía estar pensando en la táctica y no sufriendo como un aficionado. En la imagen se ve al seleccionador, Lionel Scaloni, gritándole. Parece que le reprende. Luego lo aclaró en rueda de prensa. “Habría que tener un poco más de sentido común y pensar que es solo fútbol. Es difícil hacer entender a la gente que mañana sale el sol se gane o se pierda”. Lo decía por Aimar, se supone. Pero, sobre todo, por Argentina, una nación casi siempre en el alambre del ataque de nervios. Un lugar muy útil, también, para descifrar su versión europea, algo más sosegada, pero casi siempre igual de incomprensible.

