En la semifinal del Mundialito, los jugadores salieron al campo de uno en uno, como en el baloncesto. Los equipos fueron presentados por un tipo que parecía un gánster de alta costura al que solo le faltaba un ring de fondo, como en el boxeo. El árbitro apareció armado con un micrófono, por si acaso necesitaba explicarnos el críptico reglamento, como en el fútbol americano. ¿Y el fútbol de verdad? Estaba en Vitinha, un Kroos despeinado que actualizó la nostalgia del Madrid por el jugador alemán. A lo largo de todo el partido, Vitinha sirvió para marcar una evidencia: lo que le falta al Madrid y lo que le sobra al PSG. Dominio.

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