Con los truenos de Vinicius y Rodrygo como chacal, el Real Madrid se coronó por vigésima vez como campeón de Copa. Por el camino se quedó el meritorio Osasuna, bravo y crudo hasta el final. Cualquiera se hubiera rendido ante todo un Madrid lanzado por un Vinicius imparable. Pero con un voluntarismo conmovedor aguantaron los rojillos, firmes toda la final. Mucho empeño, pero mucho Vinicius. Irresistible para el conjunto pamplonica, que terminó a hombros de su hinchada, con las piernas acalambradas y el corazón chupado. Insuficiente ante la realeza blanca, que se maneja como pocas en las finales, por más que las de Copa no hayan sido, por lo general, lo mejor de su infinito repertorio. Veinte ganadas y veinte perdidas. Pero a Ancelotti no le va dejar ni las migas. Él dirigió la victoriosa Copa de 2014, la penúltima final madridista.

