Vinicius llegó al estadio de la Cerámica en silencio. Sin pitos, sin ruido, sin foco. Una calma extraña para un futbolista acostumbrado a vivir en el centro de todo. Saltó al césped y, por unos minutos, pasó desapercibido. Demasiado tranquilo para ser real. Porque esa paz solo era el aviso de lo que estaba por venir.

wf_cms.rss.read_more

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *