El Real Madrid cumplió con el mínimo exigible. En una temporada horrible, al menos evitó que el Barcelona se proclamara campeón sin romper a sudar. Será en El Clásico. O no, si se empeña Vinicius, que defendió el pabellón blanco con esa pasión tan suya que lleva a confusión. Pareció en el primer tiempo, en su duelo con Omar, que no estaría en el Camp Nou. En el segundo acto reventó el partido, asociado a Bellingham y Gonzalo, dejando al Espanyol hecho unos zorros. Parecía mala idea hacer campeón al Barça en esta jornada. Es peor el panorama que se le queda, tras 17 partidos sin ganar. Como venza el Sevilla, el riesgo de descenso es evidente. Y la falta de fútbol y de espíritu también.

