En Vinicius conviven en un equilibrio misterioso un núcleo indestructible y un fuego perenne. Y esas llamas no alteran la convicción ni el equilibrio en la tormenta. En la prórroga del derbi, después de pelear con Savic y ver sendas amarillas, después de despedirlo expulsado un par de minutos más tarde, después de recibir una ovación fantasma cuando el estadio pensó que iban a cambiarlo, porque estaba fundido; después de todo eso, en el minuto 120 corrió, corrió y marcó el primer gol de su carrera al Atlético.

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