A 200 metros de Anfield, los parroquianos de un pub que en tiempos fue una modesta iglesia despachaban con alegría británica litros de una cerveza cuyo símbolo era un chulapo madrileño. El gentío entró con pereza en Anfield, explotó con el You’ll never walk alone y pitó el himno de la Champions, mientras Klopp inflamaba a la grada sin llegar al minuto dos. Lo esperado. Para el minuto 15, el Madrid se caía a pedazos: 2-0, y gracias. Lo normal, antes o después, en una eliminatoria de los blancos. También había un portero (Courtois) liándola bajo palos, al que luego imitó Alisson en la otra costa. Lo típico cuando se cruzan Madrid y Liverpool, que los metas cometan calamidades, aunque este martes multiplicado por dos. Y después se produjo la resurrección blanca desde más absoluto de los vacíos. Más normalidad, si se tiene que cuenta que lo normal para el Madrid es lo anormal para el resto de la humanidad.

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