La noche del ingreso de Vinicius Jr. en la zona más noble de la leyenda europea del Real Madrid, en las gradas del estadio se sentaba la persona que, teniendo más poder, más había dudado de él. Zinedine Zidane acudió al Stade de France vestido con una chaqueta blanca con capucha y acompañado de su esposa, Veronique, y de sus hijos Luca y Theo. La final de la Champions fue una de las paradas deportivas del francés en un fin de semana que el día anterior le había llevado a Roland Garros y ayer, a Mónaco, a la Fórmula 1. Desde la butaca de su palco VIP de Saint-Denis vio cómo ganaba una Copa de Europa con su gol un futbolista al que había querido vender.

