Para llegar a este punto de ebullición en su carrera, Vinicius ha resistido sucesivas embestidas de tormentas varias: la mofa cuando fallaba, los ataques habituales en las redes sociales, las dudas de Zidane, la dureza defensiva que suele acompañar al que amenaza y lo que ha denunciado estos días como ataques racistas. Todo esto, y también el disgusto por sus bailes, lo ha ido atravesando con una receta rara que no consiste en evitar el oleaje, sino en surfearlo. El brasileño posee una sorprendente habilidad para atender al jaleo de los bordes del juego y de repente, cuando huele sangre, olvidarlo y lanzarse hacia la portería como si no existiera nada más.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *