Un danés, un vasco y la Asturiana, la colina en plena zona minera, cerca de Muskiz, que rompió la etapa que finalizaba a nivel del mar, a unos metros de los muelles del puerto pesquero de Santurtzi. El danés era el de siempre, Jonas Vingegaard, uno de esos ciclistas de aspecto famélico pero apetito voraz; el vasco, Mikel Landa, el grano que le ha salido en el trasero al danés, que se pega a su rueda con Loctite, aunque le falte la chispa para rematar en la meta. Los dos se consolidan como favoritos, aunque el ganador del Tour lo es más, y su ambición no mengua.

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