Como si la conmoción colectiva desatada con Vinicius en Mestalla hubiera provocado una alteración del espacio-tiempo, el Bernabéu pareció albergar una anomalía formidable. Se jugaba un partido sobre el césped, pero una de las estrellas futbolísticas más fulgurantes del planeta se sentaba en el palco al lado de Florentino Pérez. Una imagen insólita: un futbolista en activo, a la diestra del presidente del Real Madrid, ni siquiera en un palco privado. Vinicius, un jugador que no se ha perdido un partido por lesión desde que se rompió los ligamentos del tobillo derecho contra el Ajax, se había quedado, cuatro años más tarde, fuera de la lista por molestias en la rodilla izquierda. Precisamente en el partido posterior al seísmo. Pero estaba por todas partes.

