Víctor Valdés (L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona; 43 años) lleva tatuado en su hombro derecho el busto de un gladiador. Una ilustración en la piel que evoca a la capacidad de sacrificio. A la lucha. Aquella a la que se aferró tantas veces en su vida deportiva y alcanzó la máxima expresión en marzo de 2014, cuando una lesión en la rodilla derecha frenó en seco su carrera como futbolista profesional. Entonces, todavía era guardameta del Barça. Tocaba sobreponerse al golpe. Y lo hizo en la ciudad alemana de Augsburgo.

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